Viviendas humildes

La vivienda es un reflejo directo del estatus social. Lo normal era que los que nacían en un altillo de una taberna intentaran mejorar su situación y poder optar a una casa o apartamento, o se quedaban en ese mismo lugar, si no se arruinaban y quedaban en la calle. Podía pasar cualquier cosa.

Quien nace en un altillo, no sueña con palacios (Petr. 74, 14).

[Fernández Vega, P.A. (1999): La casa romana, editorial Akal, Madrid, pág. 411, línea 1]

Dentro de las ciudades había grandes diferencias en cuanto a la densidad de la ocupación del suelo y a las peculiaridades constructivas. No era uniforme. Podíamos encontrar chozas, celdas, trastiendas, altillos y minúsculos apartamentos en abundancia, donde se encontraban aquellos que estaban cerca de la mendicidad. Por tanto, cuando vemos una vivienda podemos conocer su estatus social, puesto que según las carencias o privilegios de ésta, pertenecerá a una clase social u otra.

La arqueología muchas veces se ofusca con las grandes dimensiones de las casas y no se da cuenta de que dentro de ese espacio pudieron coexistir diferentes situaciones sociales. No era extraño encontrar inquilinos al otro lado de un tabique, aprovechando cualquier rincón debido a los altos alquileres; libertos, que podían ser regentes del establecimiento de su patrono y que trabajan forzosamente para mejorar su condición, una vez obtenida su libertad; o esclavos, que podían estar sufriendo la dureza de su regente.

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Reconstrucción ideal de una insula. Fuente en: http://bit.ly/2fAMJh5

Quién tuviera una domus en una zona urbana de gran densidad poblacional, como en Roma o en Hostia, donde abundan los edificios verticales con la finalidad de aprovechar el suelo, quería decir que gozaba de un cierto prestigio. Aunque es cierto que en otras ciudades donde no hay tanta presión demográfica el coste económico de la casa es menor.

Además, había un afán por mostrar el poder y poder distinguirse del resto de los ciudadanos, por lo que la luxuria era una exigencia de clase y nobleza, como decía Vitrubio y Tácito:

Antiguamente las familias nobles, ricas o de señalado esplendor caían en disminución y se arruinaban por su sobrada magnificencia […]. Y cuanto uno era más rico y mostraba su casa con mayor adorno y aparato, por su fama y sus clientelas, era tenido por más ilustre. Tac. Ann. 3, 55 (trad. de P. J. Quetglas)

[Fernández Vega, P.A. (1999): La casa romana, editorial Akal, Madrid, pág. 451, párrafo 2]

Bibliografía:

Fernández Vega, P.A. (1999): La casa romana, editorial Akal, Madrid, pág 411-413 y 446-451

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